Si tu ser
querido era una persona depresiva o había realizado
varios intentos de suicidio es muy natural que se den a
un mismo tiempo sentimientos aparentemente
contradictorios: por un lado una gran tristeza por su
pérdida, pero también un gran alivio porque todo ha
terminado; ya no habrá que preocuparse más porque lo
peor, lo más temido ya ha pasado. Convivir durante años
con una persona que sufre así es muy doloroso para
todos.
Recuerda que no
pudiste elegir por él o por ella, y que la decisión del
suicidio fue enteramente suya. Acepta también que a
pesar de lo que hayas podido decirle, tus palabras no
han tenido nada que ver con su decisión.
A medida que la
tormenta de emociones vaya calmándose, surgirá poco a
poco la aceptación. Date tiempo para llegar allí, un
duelo por suicidio necesita más tiempo para sanar. Se
paciente contigo mismo y verás el día que aceptes su
elección.
Si sientes
deseos de quitarte la vida, no esperes, y antes de que
puedas hacer algo irreversible, acude a un profesional
que te ayude a buscar alternativas y a utilizar todos
tus recursos personales para salir adelante.
El sufrimiento
puede enseñar a dar un nuevo sentido a la vida, a
cambiar tus valores y tus prioridades. Quizás ahora te
parezca imposible, pero irás encontrándote mejor, serás
capaz de perdonar, y llegara un día en que podrás decir
que la vida continua y que te sientes feliz por estar
vivo.(Texto tomado de vivir la pérdida.com)