Es importante
el conceder a la persona en duelo el tiempo suficiente
para la superación del mismo. Algunas personas parecen
superar la pérdida rápidamente, pero otras precisan de
más tiempo. Así, no es conveniente exigir demasiado
pronto de un amigo o familiar en duelo, ya que precisan
de tiempo para superarlo de una forma adecuada que les
evite problemas en el futuro.
Existen
personas que parecen no experimentar ningún tipo de
duelo. No lloran en el funeral, evitan cualquier mención
a su pérdida y regresan a su vida normal muy
rápidamente. Esta es su forma normal de afrontar la
pérdida y no resultan perjudicados. Pero otras personas
pueden sufrir síntomas físicos extraños o episodios
repetidos de depresión en los años posteriores.
Algunas
personas no tienen la oportunidad de desarrollar un
duelo adecuado ya que las demandas, familiares o
laborales, que han de afrontar tras la pérdida no se lo
permiten. En ocasiones, el problema es que la pérdida no
es vista como algo propio. Esto ocurre con frecuencia,
aunque no siempre, en aquellas personas que han tenido
un aborto. De nuevo, pueden seguir períodos frecuentes
de depresión.
En otros casos,
la fase inicial del duelo caracterizada por aturdimiento
e incredulidad puede persistir en el tiempo. Los años
pueden pasar y la persona en duelo puede encontrar
difícil creer que la persona que amaba esté muerta.
Otros serán incapaces de pensar en cualquier otra cosa
pudiendo llegar a convertir la habitación del fallecido
en un santuario dedicado a su memoria.
Ocasionalmente
la depresión que tiene lugar en cada duelo puede hacerse
tan intensa que se rechacen la comida y la bebida y que
surjan pensamientos suicidas que hagan necesaria la
intervención de su médico de cabecera.